miércoles, 19 de febrero de 2025

Nuevo audiolibro: El Poder de la Motivación


Consíguelo ahora en Google Play: Audiolibro El Poder de la Motivación

Creo que una de las cosas que más me gustan en el mundo es leer un libro impreso en papel, apreciar el tacto de las hojas, el contraste vívido de la tinta negra sobre el papel blanco y la posibilidad de hacer anotaciones en los márgenes o subrayar párrafos importantes, forman parte del disfrute del proceso de leer.

Pero con el tiempo me he convertido en consumidora de libros en formato audio, ¿por qué? Una de las razones es poder descansar la vista cuando la letra del formato impreso es demasiado pequeña y otra es vivir la experiencia de que una voz humana te cuente una historia.

Para mi primera aventura en formato audio he elegido publicar mi libro "El Poder de la Motivación, vivir inspirado en tiempos de cambio". Este no es un libro de ficción, más bien se podría calificar de autoayuda y contiene una recopilación de ideas que me han ayudado a lo largo de toda mi existencia a avanzar, vencer obstáculos y finalmente aumentar mi capacidad creativa, con consejos y ejemplos muy sencillos al alcance de todos.

Para el lanzamiento de este libro en audio he decidido ponerlo a un precio muy asequible, pues quiero que siga al alcance de todos aquellos que tengan dificultad para leer o que simplemente deseen conocerlo en este formato.

Pueden leer aquí el prólogo o bien descargar una muestra en audio directamente de Google Play


PRÓLOGO


  Este es un libro motivador. Un libro que te ayudará a creer en ti mismo y avanzar. Todos tenemos el poder de crear dentro de nosotros, despierta este poder en ti y descubre tu inmenso potencial.

  Desaprende lo que te enseñaron en la escuela y en tu entorno y pon en marcha el mecanismo de tu creatividad.

  El poder de la anticipación te hará triunfar, destacar y vivir una vida mejor en un mundo cambiante. Se trata de descubrir lo que ya hay en ti. Piensa como el ser único y libre que eres y atrévete a cambiar lo que sea necesario para tu bienestar.

  Para conseguir este estado creativo necesitas algunos ingredientes que vamos a ir descubriendo poco a poco.

  Estos ingredientes están conectados entre si y tienen un efecto multiplicador dentro de ti. El único objetivo en todo esto es vivir libremente.

  El libro esta dividido en tres partes:

  La motivación: que te dará el impulso y la confianza para creer en ti.

  El cambio: que con la ayuda de la motivación pondrá en marcha las transformaciones necesarias para que tengas el entorno adecuado para crear.

  La creatividad: cómo descubrir la libertad del pensamiento ilimitado dentro de ti y la expresión de tu poder creativo para alcanzar el máximo de tu desarrollo personal.

 La motivación


  Para comunicar tu creatividad necesitas motivación, pero la motivación no viene del aire sino que tiene que estar asentada sobre buenos cimientos, como la confianza en ti mismo.

  Muchos piensan que algunas personas tienen la suerte de haber nacido con confianza y con fe, pero yo pienso que la suerte es provocar la oportunidad y que la confianza y la fe se pueden aprender.

  La motivación es el combustible que te hará avanzar en la carretera de la vida, pero antes tienes que limpiar el motor y ponerle aceite nuevo.

  Estoy hablando de tomar la responsabilidad, no se puede tener confianza en ti mismo si no tomas la responsabilidad por todo lo que acontece en tu vida.

 El camino hacia la creatividad


  Es realmente un camino hacia tu libertad personal que conlleva unos pasos bien definidos:

  •       Tomar la responsabilidad.

  •       Tener confianza en ti mismo.

  •       Provocar en ti la motivación.

  •       Despertar la inspiración.

  •       Desarrollar toda tu creatividad.

 

 Manifestar tu creatividad en la vida cotidiana


  Ser creativo no tiene nada que ver con ser excéntrico o bohemio, se trata de que tenemos que adaptarnos al nuevo modelo de sociedad que esta saliendo de la era industrial.

  Ya no sirven los antiguos paradigmas que han estado creando seres humanos homogéneos para cumplir tareas rutinarias. La idea de que los mejores en la escuela se llevan los mejores puestos de trabajo ha quedado atrás.

  No esperes el contrato de tu vida, sencillamente no existe, ahora eliges tú, es por ello que te animo a creer en ti y contribuir  con lo más hermoso de ti mismo a este mundo.

  Hoy salir adelante no es para los mejores, ni para los más inteligentes, sino para los que se atreven a profundizar en sus sueños y manifestarlos a la luz del día.

  Vivir la vida que mereces esta ahora a tu alcance, más que nunca. Estamos en un momento clave de la historia en donde tenemos recursos ilimitados a nuestra disposición.

  Jamás fue tan fácil crear una empresa propia, viajar, escribir un libro, comunicarse, o vivir tu vida libremente como lo es hoy día. En verdad no hay límites, sólo tenemos que aprovechar la oportunidad.

   

viernes, 25 de noviembre de 2022

El tiempo entre libros

El tiempo entre libros

A algunos nos lleva años terminar un libro, pues tras el largo proceso de modelar la historia y pulir la trama hasta llegar al primer manuscrito, tras las correcciones, versiones, los montones de folios tirados a la papelera a causa de la repetición ensañada de los párrafos para darles pulcritud. Tras los lápices apurados y las gomas de borrar reducidas a lo que se puede sujetar entre la punta de los dedos, tras incluir a los personajes creados como a seres participantes de nuestro cotidiano, llorar con ellos cuando lloran y alegrarse junto a ellos cuando triunfan. Tras todo eso queda un sentimiento mezcla de tristeza y de alegría, de vacío y plenitud, cuando por fin el libro sale a la luz.

Y desde el comienzo de la aventura hasta que se acaba, largo es el camino recorrido, salpicado por los hitos inolvidables del reguero de nuestra vida: el nacimiento de un nuevo miembro de la familia o el adiós definitivo a un ser querido.

Y todo lo empuja hacia adelante el fluir imparable del rio de nuestra existencia que nos arrastra inmisercorde de hito en hito. Y las marcas que nos dejan éstos, van forjando el ADN de nuestra alma y la ayudan a ensancharse, aunque a veces nos parezca lo contrario.

Y en un momento cualquiera de un día cualquiera, llega una idea inesperada que será el germen de un nuevo libro. Será una sorpresa, sí, lo sé bien, y será la espoleta que desencadene una nueva explosión.

Su onda expansiva será imparable y reventará cualquier muralla que se le oponga, sin admitir dilaciones. Y los nuevos personajes se invitarán ellos mismos a la fiesta, al principio tímidamente y luego con osadía, e irán desplazando a los viejos, aunque ninguno cae en el olvido en la mente del autor.

Y mientras vamos escribiendo esos capítulos de este viaje extraordinario que llamamos vida, entre libro y libro, letra a letra, linea a linea y página a página, lo vamos apurando todo hasta la ultima gota, llenado nuestras manos de amor.

domingo, 13 de septiembre de 2020

¿Hacia dónde vamos?

Hacía tiempo que no afilaba el lápiz para dar caña. Un lector cualquiera, sin que esté obligado a leer la columna del periódico bajo el prisma multicolor de lo político, no sabe hacia dónde tirar. Se confunde entre tanto funesto profeta orweliano y tanta inquisición progresista. Vociferan todos ellos con la voz del que clama en el desierto y las ovejas tranquilas no saben la flauta de qué pastor seguir. Vivimos tiempos históricamente inéditos y sin referencia alguna del pasado que nos pueda orientar, y jamás hemos estado tan cerca de la destrucción como lo estamos de la redención.

¿Qué niño nacerá tras las horas de parto trascendentales que estamos viviendo? ¿y qué papel les tocará representar a los distópicos supervivientes? Solo podemos asumir una cosa: las ovejas que pastan plácidamente en la hierba de uno y otro color, irán irremediablemente al matadero. Es fácil preferir la pitanza al camino pedregoso de la disidencia entre tanta confusión. ¿Tendrán razón los versos de aquel cantor llorica que proclamaba aquello de: presiento que tras la noche vendrá la noche más larga?

Y luego están los cruzados, aquellos que escondidos se afanan en afilar espadas, ansiosos de poder demostrar su caballerosidad. Pero llevar una cruz no hace de uno un santo, lo mismo que el cultivo del conocimiento no cura la estupidez. Con el conocimiento se han destruido ciudades y países, y pergeñado las mayores injusticias que se puedan imaginar. Ese conocimiento que tanto envanece a algunos y que destruye las intenciones mas nobles cuando se cae bajo la seducción del poder.

¿Y quién nos librará de todo esto? De momento cada palo aguanta su vela y solo la claridad mental puede rasgar el velo de la niebla de tanta sinrazón, y si de algo vale dar un pequeño consejo, aquí va este: decide por ti mismo y no permitas que nadie lo haga en tu lugar; ni el ser mas amado de tu corazón ni el líder voceador de demagogias ni la televisión y ni mucho menos el miedo. Levantemos las cabezas. Es nuestra única posibilidad de salir con bien de esta, no confundamos las lealtades y cultivemos el pensamiento crítico, pues a la hora de la verdad a nadie con el dedo podremos señalar.
Yo creo con firmeza que el viejo paradigma está haciendo aguas por gastado y cansino, y que recalcitrante como es, pugna agonizando por sobrevivir y se resiste a su sino dando los últimos coletazos. Los actores de este esperpéntico teatro que llamamos política, economía y religión, se irán a acostar muy pronto nada más bajado el telón. Ya queda poco para el final de la función y son necesarias almas nobles que escriban un guión nuevo, esta vez con el corazón.

viernes, 19 de abril de 2019

Notre Dame de París

Es indescriptible la pena que puede sentirse al contemplar un desastre como este. No esperaban mis ojos ver una cosa semejante, Paris mon amour. En el momento más crítico, cuando el fuego parecía comerse la Torre Norte, se me hundió el corazón pensando que Notre Dame iría a desmoronarse con ella. Debo decir que la catedral fue el primer monumento que visité al llegar aquí y al que fui fiel todos estos años. Allí dentro me obligó a levantar la cabeza y viendo sus bóvedas de cruceta una palabra me atravesó el pensamiento: "Matemática". Los antiguos maestros de obra sabían mucho de eso, pero no dejaron nada escrito y se perdió el conocimiento.

La soberbia humana no tuvo bastante con aquella perfección y quisieron añadirle una aguja sobre el crucero del techo cubierta de plomo, más alta y más pesada que la original. Sus campanas, con nombres de niño, han estado sonando desde hace 850 años marcando hitos en la historia, unos dramáticos y otros festivos. Confieso que adquirir una adicción por estar dentro de ella fue fácil, porque todas las veces me elevó y me proporcionó paz, aún en el medio de tanto turista enfebrecido por tomar fotos y comprar monedas de recuerdo. Y ahora me siento como si hubiera muerto el último animal en vías de extinción de une especie rara; la belleza. Y es que hemos perdido una parte del tiempo, algo que no se puede comprar, los cuatrocientos años que estuvieron secándose los robles antes de subirlos al tejado para formar el armazón, los ciento ochenta años que tardaron en terminarla los obreros y maestros de más talento, los ochocientos cincuenta años que estuvo plantada en el punto cero de Francia siendo testigo de muertes, bodas, coronaciones de reyes, la revolución francesa, la primera guerra mundial, la invasión de los nazis y el día de la liberación. Llegó bien hasta nosotros, sí, y se nos fue en unas horas.

¿Y qué queda después de la llamas? ¿quedó algo que no fuera consumido por el fuego?

La cruz de oro aparece en el centro del altar, brillante e intacta, y a sus pies los restos del fuego y el plomo fundido, el metal más bajo. La aguja del crucero cayó a los pies de la cruz, tronchada por el fuego limpiador. Es una verdadera transmutación, como una victoria purificadora emergiendo de las llamas. La gran vidriera de la rosa occidental esta íntegra, dejando pasar la luz, y los bancos de madera también. Todas las veces que he estado en Notre Dame me ha inspirado una cosa; su belleza me recuerda que el verdadero templo está en el corazón. La perfección de su matemática la salvó de la destrucción total y gracias al escudo de las bóvedas de cruceta, el fuego no penetró en sus entrañas.

Hubo un momento de enorme emoción en la noche cuando las campanas de las iglesias hermanas de París (Saint Germain, San Sulpicio y muchas más), sonaban en solidaridad mientras Notre Dame ardía, fue un momento de ascensión total, indescriptible. Es como... si hubiera subido al cielo.

domingo, 8 de abril de 2018

El Secreto de Leo Williams, opiniones de los lectores

No puedes complacer a todos los lectores todo el tiempo, ni siquiera puedes complacer a algunos lectores todo el tiempo, pero al menos deberías tratar de complacer a algunos lectores parte del tiempo. (Stephen King)

Saber que a algunos lectores les ha gustado un libro tuyo es la mayor recompensa al trabajo que supone escribir una novela. Saber que una parte de tu imaginación ha servido de evasión en la vida de alguien, que les ha inspirado y emocionado, recorriendo todas las escalas entre la luz y la oscuridad, es lo que mantiene la pasión de seguir haciéndolo. A fin de cuentas escribimos porque el entusiasmo por la vida nos empuja a arrancarle las palabras vehementes con las que pintamos la realidad. Sí, se trata de reinventarla, remodelarla a nuestro antojo para sublimarla y hacerla más bella.
Yo diría que es una necesidad hacerlo. Hay escritores que dicen que lo hacen porque es para ellos como una terapia, pero a mi me suena eso a antiséptico, antiinflamatorio, antihistamínico, antidepresivo, a paredes frías de pasillo de hospital. Escribimos por el arrebato de hacerlo, al menos el primer borrador, luego vendrán las revisiones.

Jean D'Ormesson decía que el lo reescribía todo al menos siete veces, y yo le comprendo: es porque se puede alcanzar una satisfacción parcial si le damos toda la precisión a un párrafo. En un sólo párrafo puede decirse más de lo que hay escrito en muchos libros, si lo hemos afinado bien. Y ahí el escritor se dice: al menos estoy en parte satisfecho, porque rara vez lo estamos completamente.
Cuando leemos las opiniones de los lectores entonces podemos aceptar esa satisfacción, sabiendo que la escritura de ficción no puede complacer al cien por cien a todo el mundo todo el tiempo, porque es una cuestión de gustos, y en ese libro no hay nada escrito.

Hoy he leído un par de esas opiniones y puedo decir gracias y comprender que aunque lo que escribo está lejos de la perfección, no tiene la menor importancia.

Qué es lo que puedo comentar de este libro, lo primero es la portada es hermosa y muy muy llamativa, a mi es lo primero que llama mi atención de ahí la trama y puedo asegurar sin miedo a equivocarme que muy interesante tanto por los personajes como como por su contenido científico y te pones a pensar el futuro que nos espera con tantos avances de la ciencia que no dudaría que dentro de poco exista un Adam entre nosotros.
Muy lindo final muy acertado por cierto y da pie a una continuación que podría ser la de Nathan y Lynda .pero bueno eso se lo dejamos a la señora Olivares.
Recomiendo esta obra al cien por ciento.
 Tuve la gran fortuna de ganarme este libro de la autora via Goodreads. Me encanto el libro! Muy diferente a lo que he leído en el pasado. La idea de la genética experimental y la reprogramacion del genoma humano muy fue muy interesante. El amor entre Leo y Anabella me toco el corazón. Me encanto el final de la historia! Quizás veremos un libro sobre Nathan y Lynda?

maria-martinez-olivares.blogspot.com/p/el-secreto-de-leo-williams.html

sábado, 15 de julio de 2017

Mentir para sobrevivir

En el año 92 de la crisis, después de la Exposición Universal de Sevilla, andaba yo desesperada buscando un empleo. Al terminar los acontecimientos notorios que se habían llevado la prosperidad con ellos, Andalucía volvió a vivir en tiempos de vacas flacas una vez más. Aquel día me subí a la banana (un Renault 4L, cuatro latas de color amarillo), con el ánimo guerrero vestida para una entrevista de trabajo. El puesto que ofrecían era de recepcionista en un improvisado camping situado al lado de una granja de cerdos que lo perfumaba con su vapor cuando el viento quería.
Allí me esperaba Suzanne, una dulce jovencita americana que había estudiado en la Universidad de la Sorbona de París y hablaba cuatro idiomas por lo menos. Yo chapurreaba un inglés de los americanos sin ningún pudor, y cuando me preguntó si hablaba francés le contesté que sí. Y claro, no tenía ni idea, pero la olla de mi niño estaba vacía y había que llenarla. Ya improvisaría, ya estudiaría... o lo que fuese. La cosa era conseguir el puesto y las cuatro perras que iba a ganar con él. Suzanne se dio cuenta en seguida pero no dijo nada y me dio un curso de cuatro palabras en la lengua de Moliere para que aprendiera a decir: camiseta, bolsa de hielo y el precio de la estancia por día y por semana. Creo que se divirtió aquel día y dio el visto bueno para que me admitieran como ayudante en la recepción. Pero más aún se divirtió Xavi, el dueño del camping, el día que me trajo unos italianos para que les hiciera los trámites de entrada. Bueno, me defendí con el italiano de las películas, del cual me avergüenzo hoy por ser incompresible, pero tenía el mérito de ser inventado. Yo pensé: si lavorare es trabajar y come stai es cómo estás, el resto es coser y cantar. Lo mejor de todo fue que me entendieron cuando les expliqué cómo llenar el depósito del agua de la auto caravana con una manguera. Mamma mía! Debieron pensar que yo hablaba español y que era comprensible para ellos y Xavi quedó convencido de que yo hablaba italiano.
El verdadero problema se presentó el día que llegaron los franceses, ¿con cuál de las cuatro palabras que sabía les iba a recibir yo? Oh, Mon Dieu! Y Xavi me observaba silencioso desde un rincón de la recepción. Yo mantenía la calma sin sudar, pero debía tener tanta cara de apuro que él se acercó y les dijo:
–Bonjour, pour faire les formalités...
Bueno, hice los trámites de entrada, les dije las cuatro palabras que conocía y les entregué unos cuantos folletos turísticos. El día que se fueron se despidieron diciendo:
–Ici sents le cochon.
Por el gesto de asco que pusieron entendí la frase y aquel fue el primer curso de francés nativo que tuve en la vida y que me empujó mucho más tarde a estudiarlo.
Mientras, Suzanne se convirtió en amiga de la familia gracias a un sueño premonitorio que tuve sobre ella al día siguiente de conocerla que nos sorprendió a las dos. Además vivía a un par de manzanas de casa y a mamá, que rebosaba de generosidad andaluza, le encantaba invitarla a comer. Muchos meses después me escribió desde los Estados Unidos para confirmarme que el sueño había sido certero y que jamás tendría que haberse casado con aquel sinvergüenza que después de haber conseguido la nacionalidad americana, la abandonó. Y yo le reconocí el día que me lo presentó, por haberlo visto en aquella fantasía de la noche que desgraciadamente se había convertido en realidad.

Y la vida de todos los días transcurría suave, llena de cosas absurdas, como en una ilusión. Yo guardaba en mi corazón las cosas importantes: el ver crecer a mi hijo, el ver feliz a mi madre. Y no me importaba nada levantarme a las seis de la mañana y que me llevara la banana (el Renault cuatro latas que había perdido ya al menos una) a trabajar al camping.

Otro día se le ocurrió a Xavi organizar una fiesta de moteros. Fue a la granja de al lado y encargó un tanda exagerada de costillas de cerdos que mandó asar en unas barbacoas improvisadas con cuatro piedras sobre la tierra. Los moteros empezaron a llegar en bandadas y pronto me di cuenta de que los que no íbamos vestidos como ellos no existíamos, y sólo se dirigían la palabra entre ellos. Era lógico, tenían que celebrar su venturoso viaje desde tan lejos en aquel día horrible de calor. Pero la alegría se les terminó rápido, pues de los tres días al año que llueve en Sevilla aquel fue uno de ellos, y la lluvia furiosa que golpeaba el polvo cubrió con una salsa de lodo las costillas de marrano que quedaron intomables sobre las brasas. El agua que bajaba por la pendiente arrastró con ellas las cervezas y los ánimos, y en menos de veinte minutos estaban todos refugiados en el restaurante. Pero Xavi, que lo había gastado todo en las viandas para la barbarcoa, no había previsto otra comida y los chicos se quedaron tan descorazonados y con un hambre tan carnívora que se fueron en estampida. El viento soplaba hacia ellos desde la granja de cerdos, en guisa de adiós.

Estas cosas, y tantas otras que vinieron después, se fueron desmadejando gracias a aquella mentira. Fue una mentira piadosa, tal vez, pero una mentira. Muchos años depués aprendí a hablar un francés desenvuelto que me ayudó en la vida de todos los días. Es como si aquella mentira se hubiera convertido en una sentencia del destino que me hubiera tomado la palabra en aquel momento de desespero. Si la vida entera es toda ella una mentira, como decía el escritor en el gran soliloquio: que la vida es sueño y los sueños sueños son. Entonces que me dejen, como yo quiera, soñarla con el corazón.

miércoles, 26 de abril de 2017

El niño que no volvió de la escuela

El niño se había puesto los zapatos en el ascensor como cada mañana. Luego rascaba su pelusa de barba indecisa que aún no había tocado la máquina de afeitar. Su madre, plantada ante la puerta con la bata de casa y las zapatillas de pompones, le había dicho:

–¡Date prisa que otra vez llegas tarde!

Yo no comprendía cómo el ascensor me traicionaba, mandándome al cuarto piso en lugar de bajarme a la calle, y así el niño me atrapaba en él. Sin preguntarle, estaba al tanto de toda la vida de la familia; de las vacaciones en la casa de campo, las subidas al apartamento de esquí y las bajadas a la orilla del mar. De todo estaba yo al corriente sin importarme, y era porque no podía zafarme de su charla y al final llegué a sentir curiosidad por los periplos familiares, por si había lucido el sol en la playa o el viaje transcurrió sin incidencias. Todo lo escuchaba yo y todo lo preguntaba, por prestarle atención a él. Con los últimos relatos ya la voz le iba cambiando y no le sonaba tanto a pito inoportuno de parvulario, sino a bronquios de chaval. Así me contó que una pandilla de gamberros le había robado el teléfono de bolsillo, ese que todos quieren con la marca de la manzana, y el juego de llaves, por eso tuvimos que cambiar el cierre del edificio y tomar precauciones para entrar.
Hoy, como todos los días, se metió en el ascensor con las zapatillas deportivas en la mano, se sentó en el suelo como dejándose caer y se las puso con un solo movimiento. Ahí comprendí que por eso nunca las desamarraba.

El niño, que ya no era tan niño, me dijo que hoy no habría clases, que se iban al entierro de un compañero al que había embestido una moto loca en la misma acera que pisábamos al arrancar el día. Luego dio un salto de canguro y corrió hacia la avenida dejándome atrás. Él corrió impulsado con la potencia de los octanos de la pubertad, y yo avanzaba con pasos meditabundos, reflexionando en mi media hora de historias.

A la altura del cruce los vi: las sirenas azules, los vehículos rojos y el grupo de socorristas agachados formando un círculo. Quise acercarme pero desistí, por evitarme el llevar en la memoria alguna imagen de charcutería humana que luego me costara borrar. En la parada del autobús me lo contaron. La policía tenía prisa, iban detrás de un terrorista o de un loco, lo mismo da. Con un volantazo frenético habían invadido la vía izquierda de la avenida para adelantar. Y así, circulando en sentido contrario chocaron contra el niño, que aquel día corrió menos que ellos y lo dejaron planchado delante de su escuela.

Y ahora, ¿qué le diré a su madre cuando la vea? Plantada ante la puerta con su bata de casa y sus zapatillas de pompones, esperando al que ahora yace inmóvil, esperando al que no volverá. ¿Qué explicación se le podría dar? Que este mundo loco se ha llevado un alma inocente, que no sabemos a dónde vamos a llegar, que la policía debió aflojar el acelerador delante de la escuela y… ¿todo esto que más le dará? Cuando no vea a su niño entrar, el niño que no volvió, no llegó a la escuela, no cargará más con su mochilita de libros, ni saldrá corriendo a la calle a medio peinar.
¿Y yo? Hubiera deseado con toda el alma que esto fuera un cuento, pero no lo es, es una escena más que se funde en el delirio de los sucesos de todos lo días. Y ya no me importunará más en el ascensor, con su charla de cotorra infantil, mirando al mundo con sus ojos soñolientos, despertando a la vida despacio, como una flor que espera los rayos de un sol que no la alumbrará jamás. Ahora sí que irás al entierro, pequeño mío, y en guisa de anfitrión principal.

viernes, 31 de marzo de 2017

Poema a Sevilla: Sevilla tuvo que ser

SEVILLA TUVO QUE SER

Si todo el mar
subiera por el Guadalquivir,
no se podría aguantar
de tanto resplandecer.
Sevilla tuvo que ser,
Sevilla de luz y de flores.


Si las olas llegaran hasta el Arenal
y el viento salado tocara tu Torre,
si meciera el azahar
de tus naranjos en la noche.
Sevilla tuvo que ser,
Sevilla de luz y de flores.

Si mi barco hasta ti llegara
remontando las aguas del rio grande,
si tus manos me tocaran
y tus besos saciaran mi hambre.
Sevilla tuvo que ser,
Sevilla de luz y de flores.

Si la luna se maquillara
en el espejo de tu río,
y si el sol la dejara
al ocultarse su brillo.
Sevilla tuvo que ser,
Sevilla de luz y de flores.

Si de lejos llegara hasta mi
el perfume de tus flores,
si con tus rosas pudiera yo
hablar de mis amores.
Sevilla tuvo que ser,
Sevilla de luz y de flores.

Si tuviera que empezar
a escribir de nuevo poesía,
volvería a escribir mis versos
en los bares de Sevilla.
Sevilla tuvo que ser,
Sevilla de luz y de flores.

Sólo unos pocos conocen
el secreto de tus calles,
a donde volverán las oscuras golondrinas
llamando a tus ventanales.
Y ni si quiera tus hijas
las que se visten de faralaes,
ni siquiera ellas conocen
ni siquiera ellas lo saben.
Tan sólo los pies del poeta
en los pasos del Cristo de los Amores,
El que en el silencio de la madrugada
se pasea por los callejones.
Sevilla tuvo que ser,
Sevilla de luz y de flores.

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Este es un mes apropiado para hablar de Sevilla, el abril de la feria y a veces de su semana santa, y la antesala del mes de sus flores.
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sábado, 19 de noviembre de 2016

Los días malos

Los dias malos. Relato corto
  
Hay días malos, muy malos. Días en los que no recibes ninguna buena noticia y las piedras en tu camino parecen crecer. Se diría que esos días no tienen fin, ni noche que los detenga. Es como si estuviéramos atrapados en un callejón sin salida, en un laberinto infernal que te pierde más y más mientras te vas adentrando en el. Cuánto más luchas por salir, más profundo caes. Es igual que sacar un barco a la mar con el viento en contra, o tirar mierda delante de un ventilador.
     Ciertos días, pensaba, no tenían que haber amanecido, ni ciertas horas tragarse las manecillas del reloj. Y además se clonan en otros días aciagos, tal cual el de la marmota que repite las mismas escenas absurdas y sin sentido en un ciclo sin final. Sí; la desesperación existe y los momentos de desamparo en los que ni amigos, ni familia parecen consolar. No podría justificar la razón de la existencia de estos días con los entresijos de una complicada filosofía poco creíble y mucho menos aceptable. En realidad nadie sabe por qué tenemos que pasar por días así. Ni tampoco me importa.

     El río mecía sus aguas grises con serenidad, paseando la corriente con un sonido grave, casi sordo.
     –Sólo te queda la muerte –oyó decir por detrás.
     –No puede ser, no estoy preparada y tengo demasiado miedo para morir.
     –Entonces mira el agua; será lo último que veas.
     Una brisa de aire frío le acarició la nuca, más que viento era como la bocanada que sale de un congelador al abrir la puerta. Entonces se giró un poco hacia la izquierda y atisbó una masa gris, o del color horrible que fuese. Un olor intenso emanaba del mismo lado, parecido al de las almendras amargas, pero no supo reconocerlo. Durante un segundo le alivió la idea de pensar que todo podía ser un sueño.
     –¡Mira al agua! –gritó la voz con autoridad.
     –"Y ahora es cuando me va a empujar." – pensó.
     Quiso salir corriendo pero sintió los pies pesados, como pegados a la tierra. Quiso gritar y no le salía la voz. Fijó los ojos en el agua que parecía una masa movediza de tierra sucia. Deseó hundirse en ella y que aquel polvo le ahogara la respiración. El murmullo de la corriente se hizo más agudo y en la superficie vio venir flotando unos pies. Tras los pies aparecieron las piernas y el vestido pegado al cuerpo rígido que conocía tan bien. El rostro con el rictus tenso, las manos finas, crispadas y cruzadas sobre el vientre. La mujer la miró y le dijo:
     –¡Niña! ¿Qué haces aquí?
     La reprendió como cuando tenía cinco años, con la mirada amenazante y la misma entonación de antes del castigo, aunque en el fondo había detectado un ligero matiz protector. Tras la voz militar reconoció que podía haber cariño y cuando se disponía a responderle, su cabeza desapareció en la oscuridad.
     –¡Vuelve! –gritó– ¡tengo tanto que decirte!
     –Ella lo sabe todo –oyó decir aún por detrás.
     –¿Quién eres y qué quieres de mi? –le dijo sin volverse.
     –¿Para qué te serviría conocer mi nombre? Si te dijera quién soy yo, ni tú misma lo creerías. Dejemos las cosas como están.
     –Eres... tú eres...
     –No lo pronuncies. El día que lo hayas hecho no volverás a este lugar, ni a ningún otro que hayas conocido.
     Ella prestaba atención a cada palabra. Una vibración metálica sobresalía al final de cada frase y trataba de imaginar qué rostro podía corresponder a una voz así. Pensar en ello le daba dolor de cabeza y una angustia en el pecho dífícil de soportar, así que trató de concentrarse en lo que escuchaba sin relacionarlo con ninguna imagen.
     –Mira el agua –le dijo otra vez.
     Y entonces se hicieron remolinos que se tragaban los barcos de horasjasca perdidos en el río y la suciedad. Ahora con la mente vacía, la voz le resonaba claramente dentro de la cabeza.
     –Observa el agua del riachuelo: va abriéndose camino entre la basura y las piedras, y termina atravesando el valle de la sombra de muerte. Es más fácil fluir que ir levantando cada roca del camino y pateando la suciedad. Fluir es aceptar y avanzar con lo que tienes. La locura es seguir adelante con la ceguera de la furia atizada por el rencor. El agua, que parece débil, puede llegar a donde quiera si no se detiene. Además, sabe que el día malo también se acabará, y puede que antes de lo que tú piensas.
     Las palabras surtían de su propio intelecto y le produjeron un consuelo tan grande que ya no le importaba morir y casi deseaba echarse en los brazos de aquella cosa informe y gris.
     –¡Llévame contigo! –le gritó.
     –No puedes, ahora no puedes, tendrías que parar el mundo y eso aún no lo sabes hacer.
     –No tengo ni idea de lo que significa eso.
     –Acepta el día malo y lo aprenderás.
     –Si lo acepto y lo aprendo y todo lo demás ¿podría irme contigo?
     –No. Yo no puedo decidir eso por ti; hoy estoy aquí porque tú me has llamado. Venir es todo lo que puedo hacer. Además, tienes que aceptar el día bueno, eso también lo aprenderás.
     –Si mis días fueran buenos, entonces no te habría llamado.
     –Cuando estés lista para la última danza, entonces me llamarás.
 

sábado, 23 de enero de 2016

El Derecho a Mentir - ¿Se puede mentir por amor?


Qué es mentir

Mentir es un interpretación no premeditada de la realidad que puede ayudar a cambiar el curso de las cosas en un momento dado.

Cuál es la diferencia entre mentir y engañar

Cuando la mentira se desarrolla de manera premeditada para perjuicio de otros, entonces se produce el engaño. Fíjate en que a la muleta que esconde la espada que matará al toro se le llama engaño. Es un engaño si alguien se queda con tu dinero o te hace daño haciéndote creer una mentira u ocultando una verdad importante.
El engaño puede llegar a convertirse en un hábito compulsivo llegando a la mitomanía, puede que para agradar a los demás o conseguir ciertos objetivos.
Pero recrear una situación de otra manera, callar algo que haría más mal que bien, o adoptar una actitud o personalidad que no sea la habitual para ayudarnos a cambiar y salir adelante, podría considerarse simplemente como mentir.

Mentir para reinventar el pasado

El pasado no existe. Al menos en el presente; son sólo imágenes y recuerdos que vamos modelando en nuestro interior cada vez que intentamos revivirlo. En cada ocasión lo vamos recreando aportando una emoción nueva, según nuestra conveniencia. Y hay quienes resucitan el pasado histórico con la intención de manipular el ánimo de la gente, volviendo a perder la misma guerra hasta la saciedad.
Exagerar un aspecto del pasado sería mentir, tanto como si exageramos algún otro. Entonces, ¿por qué no exagerar el aspecto que nos sirve mejor? No me interesa estar siempre perdiendo la misma guerra; quiero pensar que si el bando perdedor es mi favorito, bajo mi punto de vista ya la ganaron sólo por intentarlo. Para mi son los héroes que firmaron con su sangre un pacto para la eternidad. Son guerreros que brillan en el firmamento de la historia por su nobleza y su impecabilidad. Son guerreros de la palabra o de la intención, y puede que arriesgando la vida, entregados a una causa trascendental, dispuestos a dejar en el camino lo que fuera necesario.

Pero revivir las viejas injusticias que alimentan la cólera colectiva, sólo sirve para destruir y crear más injusticias, y más dolor,  veces peor que el evento que lo originó.
Muchos pensamientos habituales son auto aprendidos: los adoptamos porque un día oímos a alguien decirlo, o lo leímos en cualquier parte y decidimos subirnos al carro de la razón colectiva. Y si la razón colectiva es tóxica, nos llevará por un viaje de amargura, necesidad y dolor constantes que nos irá creando un pedrolo en la chepa, del que desgraciadamente algunos sólo se separan antes del viaje final.

¿Mentirse a sí mismo es un autoengaño?

Yo considero que vivir la vida de otro es la forma de autoengaño más grande que pueda existir. Y cuando pasamos la vida contemplándola a través de la caja boba (la televisión, Facebook y otros inventos funestos), entonces estamos renunciando al poder de crear nuestra propia verdad, modelando nuestra realidad libremente.
La caja boba sabe que el instinto tribal de pertenencia a un grupo, es una necesidad patente en nosotros, por eso lo utiliza para envolvernos en su red. Y si no reinventamos el pasado, la caja boba lo hará por nosotros. Date el permiso de cambiar tu percepción de la realidad, a veces es la única alternativa para obtener la paz contigo mismo; recuerda que nuestro tránsito por aquí es muy corto, por eso para mí cualquier mecanismo que nos ayude a liberarnos es válido, siempre y cuando sea en beneficio de todos.

Liberando la culpa

El remordimiento es una trampa mortal, generalmente basado en una mentira, o en nuestra percepción imaginaria de algo que sucedió hace mucho tiempo. Y a veces las víctimas pueden sentirse más culpables que los propios verdugos, al identificarse demasiado con lo que pasó.  Por eso es tan necesario reinventar el pasado, y si no puedes reinventarlo, olvídate de el pues de todas formas no existe y si lo resucitas te estará robando lo único que realmente tienes: el ahora.

Mentir por amor

Mentir sin premeditación malévola, es un acto de amor primero hacia sí mismo, en circunstancias que lo requieran, no como una costumbre para eludir nuestras responsabilidades.
Supongamos que estás en un momento difícil de la vida, o simplemente deseando un cambio de actitud importante. Esta nueva actitud aún no la tienes, pero la adoptas para que forme parte de ti. ¿Te estás mintiendo a ti mismo? Puede que en un principio sí, pero es necesario y en todo caso es mejor que perder una bella oportunidad o hundirse en una depresión. A veces necesitamos ese punto de arranque para vencer la inercia y salir de la oscuridad. Es esa “mentira” la que nos ayuda a tomar la decisión de salir adelante, convirtiéndose finalmente en una verdad.

Mentir para ayudar a los demás

Un amigo muy querido de la infancia venía todos los días a casa a jugar después de la escuela. Al cabo de unos días mi hijo se dio cuenta de que le faltaba un muñequito pequeño que formaba parte de una colección. No cabía duda: su amiguito se lo había llevado.
El dilema consistía en que si acusábamos directamente a su amiguito de haberlo robado, probablemente su madre lo castigaría y no vendría a casa nunca más. Y nosotros lo queríamos, lo considerábamos un niño bueno y queríamos que volviera. Entonces le dije a mi hijo:
-Dile a tu amiguito cuando te pregunte si puede venir a casa que no puede, pues tu madre te ha castigado hasta que no encuentres el juguete que falta en la colección.
El niño confesó llorando que lo había cogido y prometió que lo devolvería y que no lo haría nunca más. El pequeño volvió y enseguida olvidamos la historia. Tenían siete u ocho años, han pasado ya veinte años y aún conservan la amistad.
Esta es una historia muy simple, pero que ilustra el principio directamente: la justicia hubiera partido el bebé por la mitad, destruyéndolo, la misericordia llega mucho más lejos.

La vida y los libros de ficción están llenos de estas historias, como la de Jean Valjean, del libro de Victor Hugo “Los miserables”, en donde encontramos un estupendo ejemplo de mentira piadosa.
Valjean pasa diecinueve años en prisión por haber roto el escaparate de una panadería y robar unos panecillos para alimentar a su familia. La pena que cumple es demasiado severa, agravada por los sucesivos intentos de fuga. Cuando por fin sale de la prisión llega a un pueblecito en donde sólo un humilde obispo le acepta, ofreciéndole cobijo y comida, pero Jean Valjean se escapa durante la noche con la cubertería de plata del obispo. La policía lo atrapa y cuando lo llevan delante del obispo, éste dice:
-Este hombre no ha robado nada, yo mismo le he regalado la cubertería de plata que lleva para que comience una nueva vida y por cierto, se le han olvidado estos dos candelabros.
Este gesto del obispo convirtió a Jean en otro hombre, llenándolo de agradecimiento y de esperanza, y todo comenzó por una mentira, un gesto que sustituye la justicia por la misericordia. La justicia, sedienta de equilibrio inmediato, te hace pagar lo que hiciste pero no lo repara, para repararlo necesitas la oportunidad.

martes, 15 de diciembre de 2015

Los ancianos, esos niños arrugados


Los ancianos, esos niños arrugados que nos inspiran la misma ternura que los perros y a quienes nuestra sociedad esconde como a una malformidad. Y aunque la corona de nieves no se lleva en vano ya no les escuchan, porque está de moda hacerlo a su manera sin oír a los viejos como antaño y porque hay que descubrirlo por sí mismo sin que nadie tenga que mediar.
La abuela y el abuelo no imponen, pero al menos deja que su experiencia te ayude a decidir, y de paso disfruta de los días más cortos de la vida porque donde hoy ellos se sientan, mañana tú estarás.

Una arruga es una señal de que has vivido, no una marca que haya que mutilar. Y mientras el tiempo pasa rápido y nosotros vamos más rápido que el mismo tiempo, encerramos a los niños en escuelas y guarderías y a los viejos en asilos, por aquello del desarrollo profesional. En lugar de conciliar la vida con el tiempo, y no al revés, largándolos de nuestro camino. Esto sin duda nos convertirá en seres profesionalmente plenos y satisfechos, hasta que por ir llegando a la misma edad de la abuela vamos comprendiendo muchas cosas y por ir llegando a esa edad, nos empiezan a apartar. Entonces te entrará el miedo que produce el vacío de las manos que no se llevan nada de esta vida y el frío invierno querrá calar por primea vez los huesos, a no ser que un nieto tuyo haga un video de ti a los noventa años jugando al futbol y marcando goles y lo ponga en Youtube.
-"¡Mira que majo el abuelo!" -y te conviertan en una estrella del circo de la red social.
Pero al viejo que lo dejen ser viejo, que no le quiten su lugar, y puede que te enseñe algo.

Genevieve Baudoin




Estaba en estas reflexiones cuando pude encontrarme con Genevieve, la dama noble con la cara surcada por el arado del tiempo. Me mostró con su amabilidad que nunca es tarde para hacer lo que te propones, ni para volver a lo real. Ella pinta y sus cuadros estaban expuestos en el sótano de la iglesia de la Madeleine de París. Me trató de manera adorable, me escuchó como si yo fuera la única persona del mundo, tomando tiempo para conversar. Su marido, otro niño arrugado, me estuvo hablando de Picasso, de cómo exploraba inventando materiales con que pintar.
El mundo de Genevieve se extendía por lienzos de colores frescos y trazos decisivos que denotaban un arte original. Me habló de su próxima exposición, dentro de seis meses. Y Genevieve, ¿qué edad tendrá?, setenta, diría yo, o tal vez más, pero ¿qué más da?, en ningún momento me lo pregunté; cuantos más años, más sabiduría, más belleza, más libertad.


Lleva mucho tiempo hacerse joven.
La juventud no tiene edad.
Frases de Picasso

viernes, 20 de noviembre de 2015

¿Quiénes son los terroristas?


En estos días críticos he tenido que dejar de entrar en Facebook y las redes sociales. Necesitaba desesperadamente  preservar la energía que quedaba en mi para sobrevivir y temía dejarme arrastrar por el “monstruo” hasta el punto irreversible de la locura y la maldad.
He visto como muchos se aprovechan del drama para vaciar su propia cólera y de paso apostillar que tenían razón, haciendo demagogia política unos, y apología de la justicia, otros. He visto como algunos hablan de paz sólo de boquilla, y que lanzan bombas en forma de críticas, intolerancia y mezquindad. Os aseguro que si estuvierais aquí veríais las cosas de otro modo, ¿qué importa quién tiene la razón?, desde aquí poco o nada.
He leído cosas de gente que redime la participación de cierto grupo religioso en estos eventos pero, ¿cómo podéis tolerar la intolerancia? Y puedo hablar, pero no quiero, de lo que veo en la vida cotidiana aquí, antes y después de los atentados. Se diría que cierta corriente de pensamiento quiere hacernos sentir culpables y debilitarnos, como si fuera una especie de síndrome de Estocolmo que nos impulsa a justificar a los verdugos de la libertad.
¿Por qué queréis perder vuestra libertad? y, ¿cómo se le puede imponer la fe a alguien? Algo que es absolutamente personal; la tienes o no la tienes ¿cómo se la vas a imponer a otros?
Solamente desde la libertad podemos actuar, aunque sea únicamente ofreciendo comprensión. Desde luego que vaciando la Kalashnikoff cargada de rabia no se consigue nada, ni haciendo explotar los cartuchos del odio.
¿Quieres paz? Búscala primero ahí dentro en donde debe estar, dentro del corazón. Pues ¿no sería paradójico hacer la guerra para conseguir la paz?

Además ¿qué queda cuando has descargado todo tu odio sino una gran vaciedad dentro de ti? Y sin embargo, en la próxima ocasión lo volverás a recargar.
¿No suena esto como una adicción y un comportamiento imitado?
Pero no le des lugar y convierte la próxima confrontación en una prueba para mejorar. No te fuerces. Piénsalo fríamente ¿qué te trae? ¿de dónde viene? ¿por qué lo tienes? ¿a dónde va?.
Simplemente míralo pasar y suplántalo por la semilla de la reconciliación que aunque sea muy pequeña, con el tiempo en árbol crecerá.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Un torero llamado Teseo – El Minotauro


Entré en el palacio de Cnosos buscándolo entre las piedras, tal vez detrás de una columna o a la vuelta de una esquina. Es tan grande la fascinación que provoca que uno espera verlo por allí con su cuerpo de hombre desnudo y su cabeza bovina.
Dicen que lo mataron hace cuatro mil años; si era tan terrible, ¿cómo es que un solo hombre pudo acabar con él tan fácilmente?
Tal vez el monstruo era más bien el asesino que lo mató, y tal vez el rey lo había encerrado en el laberinto para protegerlo, no para defenderse de él. Si Minos hubiera visto lo que hacen hoy con los toros se habría rasgado las vestiduras. De todas formas, fueron los griegos quienes contaron esta historia y sabemos que estos eran los enemigos, ¿darías tú crédito a una biografía tuya escrita por tus enemigos?

Pero podríamos imaginarlo todo al revés:
En los tiempos del rey Minos los cretenses vivían en un palacio suntuoso de mil quinientas habitaciones llamado Cnosos. Hacían juegos acrobáticos con los toros, tenían una estupenda maestría de la cerámica artística y la orfebrería y navegaban por el Mediterráneo vendiendo vasijas, aceite de oliva y joyas. En el Egipto de las pirámides tenían sus mejores clientes.
Juegos acrobáticos con el toro.

Nos dejaron pinturas que retrataban sus rostros felices, sus bellas mujeres maquilladas, vestidas con trajes de volantes y escotes que dejaban los senos al aire. El propio rey Minos se paseaba con un estupendo taparrabos y unas flores de opio que le adornaban la cabeza.
En Cnosos tenían alcantarillado y agua corriente y toilettes con una especie de cisterna ¡hace más de cuatro mil años! En la misma época en la que otros pueblos se limpiaban el culo con la mano, o a saber con qué. No tenían esclavos, ni armas de guerra y mientras en Egipto adoraban a los muertos, ellos adoraban la vida, el arte, la prosperidad, la comodidad y toda la alegría que nos han dejado representadas en sus imágenes.
Bellas mujeres de la civilización minoica.

Esta civilización, llamada minoica, es en realidad la primera gran cultura europea y según las pruebas de ADN eran caucasianos, o sea: genéticamente europeos.
Desgraciadamente desaparecieron de repente por una causa misteriosa, dicen que por una catástrofe natural, un seísmo, un tsunami, o ambas cosas. Lo cierto es que si hubieran florecido en el mundo antiguo en lugar de los griegos, nuestro mundo de hoy sería muy distinto.
Picasso - Minotauromaquia. La niña con su vela representa la esperanza.

A los griegos les fue muy fácil dejar escrito en la historia quien era el monstruo y se inventaron un héroe que destruyese el poder de la simbología del Minotauro:
la fuerza sexual de “devoraba” a las jóvenes doncellas, las ganas de jugar con el toro convirtiendo su encuentro con él en una injusta ejecución mortal y la enorme fuerza física de un animal que sólo come hierba y no mata por divertirse.
Todo eso les arrebató el joven torero Teseo, hijo inmundo de la tragedia inventada por sí mismo, cuando se abalanzó sobre el toro con la espada en alto y le atravesó el corazón. Después sedujo a Ariadne, la propia hija del rey, quien debió haber sido más cauta y no dejarse manipular por este torero del deseo a quien tan tristemente parodian los matadores de hoy. Luego Teseo la dejó abandonada en una isla; dijo que la había olvidado, y ella terminó allí sus días casada con un borracho.
Manifestación en favor del toro en París.

Si a mi me hubieran preguntado habría preferido la belleza, la gracia y la prosperidad de Minos en lugar de la política, las estatuas inexpresivas y las guerras de los griegos.
Si a mi me hubieran preguntado yo habría encerrado a Teseo en el laberinto y dejado libre al Minotauro. Hubiera sido mejor dejar al toro suelto que reparar toda la desgracia que vino después.
Plano del palacio, como un laberinto.

No necesitamos falsos héroes, ni aunque vengan vestidos con traje de luces, necesitamos más pacificadores que conversen libres de la historia para poderla reescribir. No se sabe qué religión tenían los minoicos, pero está claro que no era la misma que la de los griegos, y sólo se percibe la belleza y un espíritu libre en todo lo que nos dejaron, sin guerras ni dioses. Necesitamos un mundo nuevo reinventando el pasado si es necesario, y metiendo a la violencia en un laberinto del que no pueda salir jamás.
Los minoicos tenían tiempo libre para dedicarse al arte y nos dejaron literatura escrita que aún no se ha podido descifrar. Al parecer se trata de ideogramas, que como la escritura maya toma una imagen para representar una sílaba, y puede que si nos hablaran hoy nos dirían que arreglemos las cosas y abandonemos a nuestros dioses, antes de que explote el volcán.

martes, 14 de julio de 2015

Provoca tu destino

Cuántas veces te has sentado a esperar a que las cosas cambien, a que todo vaya mejor para sentirte bien. Cuántas ideas se han ahogado antes de crecer porque esperabas el aporte de algo o de alguien que nunca llegó. Hoy saliendo del restaurante vi esta furgoneta parada enfrente:

Tenía pegada esa enorme foto con el lema "Provoca tu destino", y yo añadiría: no esperes a la suerte, la suerte es provocar la oportunidad, como describí en El Poder de la Motivación.
Es imposible vivir sin equivocarse en algo, a menos que vivas agachando tanto la cabeza que ni si quiera vivas, y ahí esta el fracaso.  J K Rowling
 Bien, pero, aparte de eso ¿cómo puede uno provocar su destino? Bueno, creo que no hace falta ningún acto de magia para ello, para mi la receta es mucho más simple:
  1. Tomar la responsabilidad. Y dejar de culpar a nadie por lo que sucede, ni si quiera a ti mismo. Mántente informado y toma tus propias decisiones, comienza a proyectar tu intención dando un primer paso hacia adelante ya.
  2. Perseverar. Lo que vayas a hacer, hazlo bien hecho y toma el tiempo necesario, si te equivocas, comienza de nuevo, corrige hasta que tengas el mejor producto que seas capaz de crear, hasta el punto en que no te quepan dudas de que has dado lo mejor de ti. No escuches las críticas de los demás a menos que sean constructivas.
  3. Cosechar los resultados. Y preprara tu espíritu para recibir lo que sembraste mutiplicado. Tu plantaste una semilla, pero volverá a ti con creces, disfrútalo.
Tu vida es una obra de arte y sólo tú eres el artista. Esto se comprende más y mejor con el paso del tiempo cuando nos vamos despojando de tantos lastres innecesarios para contemplar lo esencial. Creo que a veces el enemigo mayor es uno mismo, o el "yo" como dirían algunos, pero no hay que enfadarse con él, al contrario, hay que invitarlo al cambio, atreviéndose a salir de la zona de comfort y de control y madurar. Acepta lo bueno que tienes ahora mismo y vuela... devuélvele a la vida lo que te da, multiplicado.
¿Hasta dónde quieres llegar?

martes, 23 de junio de 2015

Treport, el pueblo sin flores

Le Trèport

El sol era de color gris en el día en que fuimos a Trèport, el pueblo escondido entre acantilados. Su nombre significa tres puertos y cada uno guarda un recado: uno para la pesca, otro para los grandes barcos comerciales y otro para los yates del placer. Los tres puertos comunicados entre sí tras la puerta guardiana del faro.
El camarero del Homard Bleu nos sirvió pescado recogido directamente del mar, que no había visto la cámara, y una sidra dorada y espumosa que no tenía nada que envidiarle al mejor champán.
Luego el viento nos llevó al pie del faro donde el mar rugía colérico y tomamos fotos de dos barcos que saltaban sobre la espuma.
-Ha tomado usted la foto en el momento preciso –dijo la dama del cabello blanco y los ojos azules.
-Sí –le dije con una sonrisa–, justo en el momento en que se cruzan.
Al intercambiar las nacionalidades ella me dijo:
-Yo he nacido aquí, en Trèport.
-Entonces conocerá toda su historia –respondí como tirándole un poco de la lengua.
-Sí. Yo he visto aquí a las mujeres llorar por los marineros que no les había devuelto el mar. Yo era entonces muy pequeña.
Esas son las mismas lágrimas que derraman otras mujeres en todos los océanos, pensé. Luego nos contó de la guerra y de cómo los alemanes habían dinamitado casi todo el pueblo para poder tirar mejor, pensando que los ingleses iban a entrar por allí.
-¡Ah, las guerras! –me quejé –Deberían prohibirlas.
-Sí, pero todo continúa igual hasta el día de hoy.

La vista desde lo alto del acantilado era fabulosa,  en la cima se podían ver los restos del Gran Hotel,  que los alemanes se habían tomado la molestia de dinamitar también, dejando sólo las escaleras. Al lado quedaba un Cristo solo, clavado en la cruz y triste, tal vez por eso no había flores en Trèport. Y allí mismo hice la promesa: volveré en un día de sol, cuando las flores hayan nacido en todos los tiestos y las campanas de la iglesia resuenen con una nueva alegría, cuando los llantos se hayan transformado en risas, acunados por los albores de una nueva vida. Volveré.

¿Qué se puede encontrar en un pueblo como este? Aparte de ser el pueblo más marinero que haya visto en mucho tiempo. Dan ganas de venir y reconstruir las casas que partieron las bombas, resucitar el glamour del Gran Hotel Trianon en la belle époque y ponerle ropa al Cristo. De meter al pueblo entero dentro de una burbuja para que no lo destruya el fuego de la guerra desde del cielo.

Cuando vuelva, por si acaso traeré un ramo de flores y una luz en la mirada para hablar otra vez con la dama del cabello blanco y los ojos azules, y decirle que siempre habrá flores, que siempre vuelven a crecer aunque tengan que brotar sólo para vivir un día, el día en que celebraremos la libertad.


Trèport desde el acantilado
El faro de Trèport
La iglesia y el hotel
Humilde dibujo a bolígrafo



miércoles, 25 de marzo de 2015

Mis Ebooks a 0,99 euros

Ahora todos mis libros están disponibles a 0,99 euros en todas las plataformas digitales. En un principio había decidido ponerles el precio según el tiempo que me había costado escribirlos, por ejemplo:
Hice algunos cambios con los precios para probar y los resultados son concluyentes: se vende más a 0,99 euros que es el precio más cercano a ofrecerlo totalmente gratis, por ello pienso que sois vosotros, mis lectores, los que habeis escogido este precio.

Lo que más me interesa es que mis libros lleguen al número máximo de personas posible, por lo que pensé que un lector puede comprar todo lo que he publicado hasta ahora por solamente 3,96 euros, todo a 0,99 euros, el mismo precio por Ebook en todas las plataformas digitales.

Recuerdo lo que pasaba al principio con las ventas: sólo compraban mis Ebooks mi pareja, mi hijo y mis amigos. Ahora que mis libros comienzan a despuntar y a venderse solos, doy las gracias al "lector desconocido", a todos vosotros, pues para mi vuestras opiniones y la gran acogida que tienen algunos de mis Ebooks, son la satisfacción más grande.


sábado, 21 de marzo de 2015

Las Damas de Montmartre

-¿Cuántos años hace que vive aquí?
-Veintiséis años, soy una auténtica montmartroise -me dijo mostrándome los dientes artificiales que le bailaban en la boca.

Nicole tiene los ojos azules y la mirada enturbiada por los años. Llevaba un abrigo rojo que debió haber sido glorioso en su tiempo, y una de esas estolas de piel de las que cuelga la cabeza de un animal muerto. Luego me contó que en su casa la esperaba su perro solamente. Y que se le había ido la juventud cuidando a sus padres porque había nacido hija única.

Me explicó cómo habían cambiado algunos edificios y cuál era el mejor restaurante para comer: "La Bonne Franquette". Después criticamos al Starbucks Café de la rue Norvins, ¿cómo se les había ocurrido poner esa monstruosidad americana en pleno corazón de Montmartre?

Más allá había otra dama que le daba de comer a un gato con un tenedor y los turistas se paraban delante como si se tratara de un espectáculo. La dama escarbaba en la basura y le llenaba el plato, luego lo alimentaba directamente con el tenedor. Sin duda debía encontrar cosas nutritivas en aquella papelera, a juzgar por el peso del gato.


Pero Nicole y yo seguíamos hablando, de todas formas el pequeño autobús no iba a venir por culpa de un maratón que lo bloqueaba todo, y yo, ni siquiera estaba esperándolo, solo me aprovechaba del banco de la parada para descansar un momento de aquel paseo maravilloso.

Los turistas estaban por todas partes y eran una verdadera marea humana. Se acercaron dos japonesas que tuvieron la mala educación de ponerse en medio cuando estábamos en plena conversación. A Nicole le molestó mucho, porque es cierto que los turistas se asalvajan y no tienen modales, sino sólo prisa para verlo todo tan rápidamente que ni siquiera lo podrán recordar después, pero eso sí: lo colgarán todo en Facebook.

Sin embargo los auténticos montmartreses se conocen todos, se saludan y se ayudan entre ellos como si vivieran en un pueblo. El viejo Michou, dueño del cabaret de maricones más famoso de París, ofrece a todas las damas de Montmartre una cena gratuita una vez al mes.

Pero al volver a casa cada uno se queda con su soledad, y a ti, Nicole, cuando tu perro se muera, ¿quién te cuidará?
Le Sacre Coeur y los turistas
Vista de París desde el Sacre Coeur en un día gris