domingo, 17 de agosto de 2014

San Sulpicio y el Código Da Vinci

Iglesia de San Sulpicio, vista exterior con la fuente
Encontramos la iglesia de San Sulpicio por casualidad, sin ir a buscarla. Allí había estado siempre en medio del barrio de Saint Germain. En la capilla de San Martín al lado derecho, había un cura bendiciendo un bidón de agua y una fila de devotos esperando con las botellas de agua mineral de plástico vacías. El bidón estaba provisto de un grifo y cuando el cura hubo cerrado la tapa, los fieles se pusieron de rodillas y procedieron a llenar las botellas. Algunos llevaban dos o tres de litro y medio, y salían contentos y reconfortados de poder disfrutar de aquel cajero automático de milagros.
San Sulpicio, vista interior
La gran iglesia de San Sulpicio está orientada de este a oeste y dicen que es aun más grande que Notre-Dame, pero mucho menos favorita de turistas y curiosos. Solo el Código Da Vinci, de Dan Brown, le ha vuelto a dar vida en los últimos años. En ella podemos ver la Estrella de Venus, de la que habla Brown y la línea Rosa, o el meridiano de París.
Estrella de cinco puntas sobre la puerta
Cierto es que la línea que hay en la iglesia no es ningún meridiano, sino un lugar que sirve para señalar la fecha de la fiesta de pascua que debe celebrarse imperativamente la primera luna llena después del solsticio de primavera. En esas fechas el sol brilla a través de los vidrios de la iglesia en un punto preciso sobre una línea incrustada de latón en el suelo de la iglesia. Esta línea termina en un obelisco incrustado en el muro que tiene la inscripción: Gnomon Astronomicus, o sea, algo que fue construido para conocer astronómicamente la fecha.
También pudimos ver al lado izquierdo brillando a través de los cristales de colores las iniciales S.P. que según Brown corresponden al las siglas del Priorato de Sion, cuando en realidad se trata de Pedro y Sulpicio, según dicen.
Siglas S.P. en el vifrio circular junto al obelisco
Tampoco es cierto que la iglesia esté construida sobre un templo de Isis, pero ¿qué más da?
Todo lo que hay en su libro, mezcla de la historia medieval y de la iglesia católica con su propia salsa, le han ayudado a crear una historia vendible, llena de polémica que llega hasta hoy.
El escándalo vende, y este es un thriller con escándalo. Al menos Mr. Brown ha despertado la curiosidad de muchos hacia temas extraordinarios y quien sabe si los del Priorato sonríen con estas cosas.

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